¿Más vale corrupto conocido que ciudadanía por conocer?

 

Por Eduardo Abenia

 

Gobernar implica básicamente dos aspectos, administrar recursos escasos y fijar las reglas de interrelación entre los individuos involucrados, ya sea de una nación, una familia o una empresa.

Decidir si comprar unos cuantos tanques nuevos para las FFAA o construir algunas escuelas, decidir si pintar la casa o comprar un televisor nuevo, decidir si gastar en propaganda de TV o en recambiar los móviles de la empresa son algunos ejemplos que ilustran el primer aspecto.

Decidir una quita en los impuestos al agro en lugar de hacerlo con la industria, decidir que el hijo varón puede llegar del baile a cualquier hora mientras que la nena debe volver antes de la una, decidir no tomar empleados casados, son algunos ejemplos del segundo aspecto.

Hoy analizaremos el primer tema, lo que refiere a la distribución de gastos de una nación.

En las democracias representativas, el sistema político, a través de herramientas que se ingenio en pergeniar (una hábil conjura entre el poder ejecutivo y el legislativo, ambos conformados por hombres pertenecientes a las mismas estructuras partidarias) organiza el gasto según criterios que no cambian significativamente de una a otra legislatura. Las razones de tan poco cambio no están en lo brillante de la gestión realizada sino en que la estructura política esta organizada para oponerse a cualquier cambio.

Decidir entre el tanque o la escuela depende de una puja de poder muy lejana a los intereses de la ciudadanía. Unos cuantos generales descontentos tienen bastante más peso que unos cuantos maestros descontentos, a no ser que se corra el riesgo de tener en contra la opinión publica cerca de un periodo electoral. El trafico de influencias que se genera si bien no es corrupción en sentido estricto, esta bastante alejado de una transparente administración. Pero uno se pregunta porque no ambos, el tanque y la escuela, dejando contentos a todos, es simple, si gastamos mucho, una de dos, o cobramos mas impuestos, o nos endeudamos más. El seguir aumentando la carga impositiva tiene un limite, el bolsillo del contribuyente, el endeudarnos también, el costo del dinero. Esto no siempre impide el exceso de gasto, el déficit es crónico, gastar significa hacer obra que les dará votos, total, paga el que sigue.

Aquí la diferencia entre el gobierno de una democracia representativa y una directa es abismal, por una razón sencilla, los gobernantes gastan dinero que no sale de su bolsillo. Cuando un presidente se llena la boca con que hizo esto o aquello, en realidad lo que hizo fue canalizar dinero ajeno en algún sentido. El puente del que se enorgullece y que quizás con ayuda de sus correligionarios a su muerte lleve su nombre, salió de nuestros bolsillos y bien que pudo haberse invertido en otras realizaciones incluso quizás mas útiles.

De ese dinero además suele quedarse una cierta cantidad por el camino, en una obra de cien millones de dólares que un milloncito se desvíe para el costado, para algún bolsillo ávido o para pagar las fastuosas y carísimas campañas electorales que nos perpetran, es practica frecuente, cuando se decide por muchos, el campo para la corrupción es propicio. En cambio, la ciudadanía que es quien paga el puente, esta en inmejorables condiciones para decidir. Si bien puede estar algo menos informada tiene un interés mas legitimo, es su dinero el que se gasta. Aquí los defensores de la democracia representativa argumentan que el legislador esta mas informado, que decidir tiene un carácter técnico, no es cierto, una cosa es decidir como hacer que el puente no se caiga y otra es decidir si hacerlo o no, lo primero es técnico, lo segundo es político, la ciudadanía no solo puede hacerlo, es la mas apta para ello y en todo caso si se equivoca es su dinero el que se malgasta.

La DEMOCRACIA DIRECTA INFORMATIZADA es la herramienta para lograr que la ciudadanía asuma su responsabilidad de gobierno, puede hacerlo mejor y con menos costos que quienes lo hacen ahora.