QUAY del 12/3/98

 

Juan Pueblo con la tarjeta y el Pin

Por Eduardo Abenia
 

En los artículos anteriores hemos visto como en muchos aspectos la DEMOCRACIA DIRECTA INFORMATIZADA aventaja largamente a la DEMOCRACIA REPRESENTATIVA Sin embargo solo hemos definido vagamente en que consiste y como se puede viabilizar.


Como indicamos antes, gobernar significa asignar recursos escasos y fijar las normas de comportamiento de los integrantes de la sociedad. En ninguno de estos terrenos un cambio en el sistema de decisión implica partir de cero, aun sin parlamento, (por ejemplo en el prolongado receso estival) las leyes siguen existiendo, lo que no funciona es el órgano con la capacidad de modificarlas.
 

El modificar la legislación existente implica: identificar un problema no resuelto o mal resuelto, proponer proyectos de solución, discutir los proyectos, decidir y finalmente dar cumplimiento a lo decidido. Poner en contacto la ciudadanía para proponer y decidir, manejando el enorme volumen de información que eso significa, es donde entra a tallar la informática. Allí es donde la tecnología logra salvar el obstáculo que impedía crecer a la democracia ateniense y a cualquier otro intento similar. Ya no es de recibo eso de que no se puede reunir a millones en asamblea. Hoy los podemos reunirlos virtualmente, consultarlos a través de una red informática. 
 

Para llevarlo a la práctica se nos presentan varias posibilidades complementarias de red. Un alquiler de uso de las redes de cajeros automáticos ya existentes, INTERNET, una red independiente creada con el propósito de complementar las anteriores. Una red está integrada por un cierto número de terminales enlazados desde cualquiera de los cuales se pude operar. Para hacerlo cada persona una vez frente a la terminal debe identificarse, entre otras cosas para evitar el voto duplicado, aunque preservando el carácter secreto del voto (esto es técnicamente posible aunque es un poco largo de explicar). La identificación puede hacerse mediante la combinación de una tarjeta magnética u otras aún más sofisticadas y un código de seguridad (Pin) que evita que una tarjeta extraviada pueda ser utilizada por un extraño. Una vez identificado el ciudadano, las pantallas mostraran las opciones de decisión que en ese momento estén pendientes así como la posibilidad de nuevas propuestas. Digitando las opciones elegidas, en instantes se transfiere a un procesador central la información de todo lo decidido.
 

Cuantas voluntades pueden proponer un proyecto, que porcentajes se deben exigir para la aprobación de los mismos, o para volver a considerarlos, etc. son motivo de estudio. En su momento se presentará un proyecto en ese sentido. Algunas posibles grandes líneas se pueden encontrar en el “Manifiesto por la Democracia Directa”. Lo fundamental es que en forma muy sencilla, la ciudadanía, Juan Pueblo, puede decidir sobre todos los temas que le atañen sin intermediación del sistema político.
 

Esta mecánica quizás a la larga pueda sustituir completamente el sistema político existente, sin embargo es indudable que tal cambio no se puede hacer de golpe, hay que ir ajustando los mecanismos y los comportamientos para lograr un ajuste entre las posibilidades tecnológicas y lo que realmente la ciudadanía está dispuesta a usar.
 

Una forma de ir avanzando en esta dirección es crear una estructura partidaria que internamente funcione por los mecanismos anteriormente expresados, logrando una cierta cantidad de representantes, los cuales funcionarán mandatados por la decisión de quienes los eligieron sin posibilidad de desviarse de ese mandato. Un mecanismo indirecto para lograr paulatinamente cada vez más DEMOCRACIA DIRECTA, con suficiente experiencia y mayoría absoluta se puede lograr abolir totalmente la representación.
 

La gran pregunta que nos queda es ¿queremos realmente que la ciudadanía decida?